(c) 2014-16 Diego Buendía
Novelas Ejemplares
de Miguel de Cervantes
α Día 2016-08-02 ω


115regentes la Cancellaría, regente el oficio, y portants veces de nuestro general gobernador, alguaciles, vergueros, 116porteros y otros cualesquier oficiales y ministros nuestros, mayores y menores, 117en los dichos nuestros reinos y señoríos constituidos y constituideros, 118y a sus lugartenientes y regentes los dichos oficios,

119so incurrimiento de nuestra ira e indignación y pena de mil florines 120de oro de Aragón de bienes del que lo contrario hiciere exigideros, y a nuestros reales cofresaplicaderos, 121que la presente nuestra licencia y prohibición, y todo lo en ella contenido, os tengan guardar, tener,

122guardar y cumplir hagan, sin contradición alguna, 123y no permitan ni den lugar a que sea hecho lo contrario en manera alguna, si, demás de nuestra ira e indignación, 124en la pena susodicha desean no incurrir. En testimonio de lo cual, mandamos despachar las presentes,

125con nuestro sello real común en el dorso selladas. Datt. en San Lorenzo el Real, a nueve días del mes de agosto, 126año del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo, mil y seiscientos y trece.
YO, EL REY.


127Dominus rex mandauit mihi D. Francisco Gassol, visa per Roig Vicecancellarium, Comitem generalem Thesaurarium, 128Guardiola, Fontanet, Martínez, & Pérez Manrique, regentes Cancellariam.

129PRÓLOGO AL LECTOR
Quisiera yo, si fuera posible, lector amantísimo, escusarme de escribir este prólogo,
130porque no me fue tan bien con el que puse en mi Don Quijote, que quedase con gana de segundar con éste.

131Desto tiene la culpa algún amigo, de los muchos que en el discurso de mi vida he granjeado, 132antes con mi condición que con mi ingenio; el cual amigo bien pudiera, como es uso y costumbre, 133grabarme y esculpirme en la primera hoja deste libro, pues le diera mi retrato el famoso don Juan de Jáurigui,

134y con esto quedara mi ambición satisfecha, y el deseo de algunos que querrían saber qué rostro y talle tiene quien 135se atreve a salir con tantas invenciones en la plaza del mundo, a los ojos de las gentes, poniendo debajo del retrato:

136Éste que veis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, 137de alegres ojos y de nariz corva, aunque bien proporcionada; las barbas de plata, 138que no ha veinte años que fueron de oro, los bigotes grandes, la boca pequeña, los dientes ni menudos ni crecidos, 139porque no tiene sino seis, y ésos mal acondicionados y peor puestos,

140porque no tienen correspondencia los unos con los otros; el cuerpo entre dos estremos, ni grande, ni pequeño, 141la color viva, antes blanca que morena; algo cargado de espaldas, y no muy ligero de pies; 142éste digo que es el rostro del autor de La Galatea y de Don Quijote de la Mancha, y del que hizo el Viaje del Parnaso,

143a imitación del de César Caporal Perusino, y otras obras que andan por ahí descarriadas y, quizá, 144sin el nombre de su dueño. Llámase comúnmente Miguel de Cervantes Saavedra. Fue soldado muchos años, 145y cinco y medio cautivo, donde aprendió a tener paciencia en las adversidades.

146Perdió en la batalla naval de Lepanto la mano izquierda de un arcabuzazo, herida que, aunque parece fea, 147él la tiene por hermosa, por haberla cobrado en la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos, 148ni esperan ver los venideros, militando debajo de las vencedoras banderas 149del hijo del rayo de la guerra, Carlo Quinto, de felice memoria.

150Y cuando a la deste amigo, de quien me quejo, no ocurrieran otras cosas de las dichas que decir de , 151yo me levantara a mismo dos docenas de testimonios, y se los dijera en secreto, 152con que estendiera mi nombre y acreditara mi ingenio.

153Porque pensar que dicen puntualmente la verdad los tales elogios es disparate, 154por no tener punto preciso ni determinado las alabanzas ni los vituperios.

155En fin, pues ya esta ocasión se pasó, y yo he quedado en blanco y sin figura, será forzoso valerme por mi pico, que, 156aunque tartamudo, no lo será para decir verdades, que, dichas por señas, suelen ser entendidas. Y así, 157te digo otra vez, lector amable, que destas novelas que te ofrezco, en ningún modo podrás hacer pepitoria, 158porque no tienen pies, ni cabeza, ni entrañas, ni cosa que les parezca;

159quiero decir que los requiebros amorosos que en algunas hallarás, son tan honestos, 160y tan medidos con la razón y discurso cristiano, 161que no podrán mover a mal pensamiento al descuidado o cuidadoso que las leyere.